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Inédito.

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Inédito.

No se podía morir; estaba tirado boca abajo hace más de una hora, agotado, inerte. Don Pablo lo había acompañado desde que lo encontró en medio del monte, con una mordedura de serpiente en el costado. No paraba de quejarse y fue así como lo pudo hallar, pero ahora ya no se quejaba, tan solo seguía respirando y pablo, miraba preocupado.

De pronto Ismael se incorporó, denotaba en su demacrado rostro, que no había esperanza alguna de seguir vivo, pero muy contrastadamente sonreía, miró a Pablo y le preguntó: ¿Y usted, qué hace aquí?, ¿Quién lo llamó? ¡Lárgate maldito cuervo carroñero! ¿Estás esperando a que muera? Toma mi cartera, tómala aquí está. Ahora ¡Largo!

Pablo tan solo permanecía callado. A un lado del hombre que a punto de morir no mostraba miedo alguno. Estaban en medio de un semi-desierto en Ixtacamaxtitlán Puebla. Aunque fue su primer impulso llamar a una ambulancia, no había señal telefónica, en una zona tan apartada y solitaria era imposible conseguir ayuda que llegara antes que el veneno surtiera su letal efecto, por ese motivo decidió esperar ahí, acompañar a Ismael en su crudo final.

-¿Quiere tomar un poco de agua? Le preguntó Pablo, alargándole una Cantimplora. Ismael estiro la mano pero en lugar de recibirla, tiró de un golpe el recipiente, dejando caer el líquido en la tierra caliente que rápidamente se evaporó.

Pablo tan solo observando pensaba; ¿Hasta dónde puede llegar la ingratitud de este hombre? ¿Hasta dónde? Mientras divagaba en sus pensamientos oyó a lo lejos el sonido como de un cencerro. ¡Un cencerro! ¡No estaban solos! Así que de un salto se puso en pie y poniéndose la mano en la frente comenzó a buscar lo que originaba el sonido. Ismael dejó sonar una carcajada. ¡Jajaja!

-¿Qué haces, buscas ayuda? Aquí no hay nadie, estamos solos como perros. -Hay un pastor por ahí, lo puedo escuchar. -Es tan solo un espejismo. Pablo permaneció pensativo, él sabía que los espejismos se daban visualmente, jamás había imaginado lo de escuchar espejismos. En eso Ismael comenzó a toser violentamente, sus ojos se hacían enormes y agitaba las manos de desesperación...

(Continuará...)

©Francisco Javier Shipewas 6/Junio/2013|México

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